Autor: Víctor Núñez Izquierdo (1918-1984). Publicado en "El Día" el 25 de diciembre de 1983. El artículo contiene expresiones típicas de las gentes de la Punta en los años 20 y 30, y aún después, pues yo me acuerdo de oirlas. Algunos punteros llamaban a los niños pequeños de manera genérica "familias"; por "mujo" se entendía, y se entiende, que son algas; la palabra "cama", referida al pulpo, indica el lugar donde se echan los animales (Dicc. de la Academia), y el término "peje" no sé cómo llegó a Canarias, pero se trata de una variedad dialectal de "pez" que se da en Cantabria, según también el Diccionario. La expresión "sargo-viado" proviene del portugués "sargo-veado", y es más grande que el sargo común (Ver Diccionario Histórico del Español de Canarias)
Tras los personajes innominados o con nombres supuestos se esconden personas reales que el autor conoció en su niñez y juventud. Tras la figura de la abuela se esconde "seña" Francisca que, efectivamente, parió a su primer hijo -Eleuterio- en las Barranqueras, ella sola, y lo colocó en la cesta del pescado hasta llegar a su casita puntera, después de haber ido a despedir a su marido a Santa Cruz que había sido movilizado para ir a la Guerra de África (de Marruecos, 1919-1925). Lo que se relata que comió cuando llegó a su casa es totalmente verídico: una ralerita de agua de toronjil y gofio. Murió con más de cien años, y a esa edad la recuerdo cargando agua a la cabeza, ¡en una palangana!, desde la Máquina del Agua, en el Puertito, hasta su casita y sin derramar una gota. (Nota de VNG)
Tras los personajes innominados o con nombres supuestos se esconden personas reales que el autor conoció en su niñez y juventud. Tras la figura de la abuela se esconde "seña" Francisca que, efectivamente, parió a su primer hijo -Eleuterio- en las Barranqueras, ella sola, y lo colocó en la cesta del pescado hasta llegar a su casita puntera, después de haber ido a despedir a su marido a Santa Cruz que había sido movilizado para ir a la Guerra de África (de Marruecos, 1919-1925). Lo que se relata que comió cuando llegó a su casa es totalmente verídico: una ralerita de agua de toronjil y gofio. Murió con más de cien años, y a esa edad la recuerdo cargando agua a la cabeza, ¡en una palangana!, desde la Máquina del Agua, en el Puertito, hasta su casita y sin derramar una gota. (Nota de VNG)
Apenas puesto el sol, el paisaje ofrecía un cambio radical; las altas montañas habían perdido color y sus siluetas quedaban enmarcadas en un fondo donde las negruras comenzaban a avanzar en una noche diferente, esencialmente diferente para las gentes del lugar que, en principio, ya habían comenzado a sentirla. Y su influencia, pese a las limitaciones que más o menos cada casa tenía, salían al ambiente fresco bajo las primeras estrellas de la noche de Navidad.
Poner la atención en cualquier dirección obligaba a escuchar alegrías que brotaban entre los caseríos. Y, conjuntamente, las "familias" correteaban, ya en los caminos, ya sobre el "mujo" ocre que la mar había depositado sobre el callao en una de sus noches de buen batir, musgo que impregnaba la piel de los muchachos en sus correrías y juegos a piel desnuda, suministrándoles yodo a raudales para conseguir cuerpos curtidos y recios.
Salpicando la noche, alguna voz femenina brotaba fuerte para llamar al hijo que, si acudía al hogar, era después de rendir tributo al mar y sus orillas, primero en juegos y después en inicios marineros que le llevaban a rincones y grietas, rendijas y escondrijos; "camas" del pulpo o resquicios de morenas, las cuales, como hacía el abuelo silbándolas, acudían al anzuelo, o al "llamador"de pulpo o trapo.
La noche se iba forjando en el trajín hogareño. Benito comentaba en su cocina de leña que había perdido un "peje" tamaño así, con lo que quedaba mermada la cena de sargos-viados, papas negras turradas y vinillo tinto de las parras del Tanquillo que, de mal parir, la mundicia se había hecho con casi todo.
Los muchachos se iban arriconando en torno a la madre y al hogar que, leño tras leño de maderas recogidas en las playas y que la mar trajo en su batir constante, calentaban con agasajo los cuerpos ateridos y salitrosos que esperaban el buen caldo de erizos y el frito del pescado, para terminar con los rosquetes de batata y alguna trucha frita, que es lo que Dios daba.
Benito dijo algo de la comida de otros años, cuando la mar no estaba esquilmada; abundancia de "pejes" y buenas papas cosechadas, entreverando las batatas amarillas "ñema" huevo con el mojo hervido, no se le ponía nada por "delantre". Y, junto a la lumbre, perros y gatos, enrroscados con los hijos más menudos, habían formado grupo, medio estirados sobre sacos y unos "jallos" que en el rincón habían.
- Otro año "pa" atrás, y poco se adelanta.
Mientras, la campana de la ermita la hacían sonar en llamada a Misa del Gallo; ya los muchachos habían tomado camino con una pandereta, en mitad de una parranda de limitados medios instrumentales que cruzaba los callejones del caserío entonando lo que sabían... y la abuela runruneaba historias de una estrella extraña sobre los acantilados en una Nochebuena, cuando de regreso de Santa Cruz, de despedir al viejo marino rumbo a Cuba, había dado a luz en mitad del camino, sola y con la bendición del niño Jesús, para en llegando a casa, menuda como ella, encontrar después del parto algo de gofio, que comió con un agua de toronjil, que siempre creció en una lata que en el patio había.
- ¿No dices nada Benito?, preguntó la abuela.
- El hombre de la mar es poco hablador, ¿no se acuerda de padre?
Todos comidos y algo más calientes, el hombre se aproxima a la puerta y, después de colocar las cañas en el rincón y hechar de beber a las carnadas, miró a la mar.
Vio como había reventado "el pozo" y, pese al poco viento, la mar se estaba creciendo y los reventones salían frente a la costa; había mar de fondo en los "lajares", en la "bocana del viento", en la "fuente las brujas"... la mar se ponía fea. La mirada del pescador penetraba la inmensa extensión de agua para saber de sus fondos, como lo hubiese hecho un hombre de tierra adentro con sus suelos.
- Ésta Nochebuena junto a la mar no porta luna, sí estrellas dobles: las de arriba y las que la mar refleja, que son muchas entre reflejo y reflejo... Su comentario se desvaneció en la noche conjuntamente con humo de la curvada cachimba, que se movía de manera insistente entre los labios resecos y agrietados.
- Buenas noches "pa" sargos y pejesreyes... si no fuera que es Nochebuena, ya les contaría yo un cuento.
- Mañana es otro día, Benito; mañana es otro día. Esta noche es de Dios y de cada hombre que quiera estar con Él, añadió la abuela entrando en el confortable sueño de la madrugada.
Había estrellas, la mar, plateada escondiendo peces...
En el hogar simple, la Nochebuena había transcurrido a su manera, entre nostalgias y recuerdos, igual, sin duda, a lo ocurrido en otros muchos hogares de otros muchos lugares...
El pensamiento del hombre quedó colgado bajo el cielo y frente al mar. Su idea de Dios se agigantó, pues desde la simple orilla de la vida, la sentía más cerca.
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